La humanidad se acerca al final de la era de las grandes velocidades
por Daniel MichaelsDow Jones Newswires
13 de abril -- La raza humana se está desacelerando...
Cuando el transbordador espacial de Estados Unidos culmine su último viaje, planeado para junio, la humanidad retrocederá un paso más luego de haber alcanzado su máxima velocidad. Los transbordadores espaciales son los vehículos reutilizables y tripulados más rápidos de todos los tiempos. Su velocidad máxima sólo fue excedida por los cohetes lunares que se usaban una sola vez.
El retiro de los transbordadores le sigue al paro definitivo en años recientes de otras naves tripuladas ultrarrápidas, incluyendo el supersónico Concord y al avión espía SR-71 Blackbird, que era más veloz. Al no tener nada listo para reemplazarlos, nuestra especie se habrá desacelerando --tal vez, por primera vez en la historia.
Ha sido un buen arrancón de dos siglos, dijo Neil Armstrong, quien en 1969 cubrió casi 384,000 kilómetros en menos de cuatro días para convertirse en el primer humano en pisar la luna.
En un correo electrónico dijo que en el siglo XVIII los seres humanos podían viajar a pie o a caballo a aproximadamente 9.6 kilómetros por hora. "En el XIX, con los trenes, llegamos a 96 kilómetros por hora. En el siglo XX, con los jets pudimos volar a 960 kilómetros por hora. ¿Podemos esperar 9,600 kilómetros por hora en el siglo XXI?", se preguntó.
"No parece probable", continuó Armstrong, aunque tiene esperanzas.
Los aditamentos de la gran carrera de la humanidad se exhiben en el Museo de Ciencias de Londres. Al fondo de un cavernoso salón se encuentra la primera locomotora de vapor, diseñada en 1829 por George Stephenson, un ingeniero inglés. Se llamaba "El Cohete" por su previamente inimaginable velocidad de 46.4 kilómetros por hora.
Antes de esa maravilla de madera y hierro fundido de Stephenson, el término "exprés" generalmente involucraba un pony. Los ferrocarriles, obsequio británico para el mundo, achicaron los continentes y recortaron el tiempo de viaje.
Al lado opuesto del museo y a sólo treinta segundos de donde está la locomotora se encuentra parte de un cohete que permitió a la humanidad alcanzar su mayor velocidad de la historia. El módulo de comando del Apolo 10, regalo de Estados Unidos para la Gran Bretaña, alcanzó casi 40,000 kilómetros por hora cuando regresó a Tierra ocho semanas antes del viaje de Armstrong.
"Ahora, estos artefactos ya son historia, rayan en la historia antigua", dijo Doug Millard, un curador senior del museo.
Eugene Cernan, uno de los tres astronautas en la cápsula Apolo 10 -- y el titular del récord de velocidad en la luna al conducir un arenero durante el viaje lunar del Apolo 17, dijo "40,000 kilómetros por hora está al límite de la capacidad de comprensión de las personas". En el espacio, fue "más fácil eso que subirse a la montaña rusa", añadió. "No alcanzaremos esas velocidades otra vez sino hasta que regresemos a Marte".
No todo mundo se lamenta por la desaceleración. "Pienso que la velocidad está sobrevaluada", dijo Bob van der Linden, presidente del departamento de aeronáutica de National Air and Space Museum del Smithsonian Institution de Washington, mismo que exhibe varias de las naves con las que se sentaron récords.
Dentro de la atmósfera, la física hace que una velocidad cegadora sea muy poco práctica o inasequible, dijo Van der Linden.
A una velocidad mayor a Mach 8.5 --85% de la velocidad del sonido-- la fricción, la turbulencia y el choque sónico provocan fuertes dolores de cabeza. Las personas se han convertido en exceso de equipaje. Las naves no tripuladas son súper veloces.
La primera ráfaga de aceleración de la humanidad empezó cerca del año de 1815 con los ferrocarriles, los buques de vapor y la revolución industrial. En 1905, los autos de carreras ya superaban los 160 kilómetros por hora.
A partir de 1915, los conflictos supercargaron las cosas. A finales de la Segunda Guerra Mundial, los pilotos militares alcanzaban los 960 kilómetros por hora con los jets. Durante las cuatro décadas siguientes, la Guerra Fría y la Carrera Espacial hicieron que los seres humanos lograran superar la barrera del sonido, y los pusieron en órbita y más allá.
La celeridad implicó fama para algunos. El cosmonauta Yuri Gagarin y el astronauta Alan Shepard --los primeros hombres en el espacio-- se convirtieron en celebridades. Joe Kittinger, piloto de pruebas de la Fuerza Aérea, apareció en la portada de la revista Life en 1960 por convertirse en el primer ser humano en alcanzar la velocidad del sonido sin usar un vehículo, durante una caída libre desde una altura de unos 30 kilómetros de altura.
Otros logros se quedaron en secreto. Cuando Chuck Yeager rompió la barrera del sonido en 1947, el gobierno de Estados Unidos se mantuvo en silencio.
Ese mismo año se iniciaron los trabajos en el jet más rápido, el SR-71 Blackbird. El avión espía futurista podía alcanzar por lo menos Mach 3.2, y se elevaba a una altura de 25.9 kilómetros. Podía cruzar Estados Unidos en una hora. Y nadie pudo derribar uno de estos aviones, aun cuando volara sobre territorio hostil.
"Pero la velocidad ya no parece estar en la mente de todo mundo", dijo Richard Graham, un comandante de escuadrón y piloto del Blackbird, además de ser autor de tres libros sobre el avión.
Sin embargo, para los civiles, el Concord "creó una nueva definición del tiempo", dijo David Frost, una personalidad de la televisión británica que voló en el avión unas 300 veces. Podía llegar a Nueva York el mismo día que salía de Londres pero más temprano --"una posibilidad que normalmente no tenían los seres humanos", dijo Frost en una entrevista después del desplome de un Concord en 2000.
Fue así como en 1985 Phil Collins, el popular cantante de rock, pudo actuar en el concierto de beneficencia Live Aid a las afueras de Londres, subirse al Concord y tocar ese mismo día en el concierto gemelo que se realizó a las afueras de Filadelfia.
Traducido por Luis Felipe Cedillo
Editado por Eduardo García
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